lunes, 9 de marzo de 2026

febrero 14


-¿y el tajalápiz de qué día dónd

-No lo encuentro, préstame el tuyo

y me miran sus ojitos desde los que sonríen una tía, la mamá y una abuela lejana al abrigo del Galeras

-¿Dónde está el tajalápiz que te presté?

-No sé

-¿Y el de la vez pasada?

-Tampoco.

Ahora que otro imperio hace sus últimas (y desesperadas) maniobras expansivas

Voices from the lake tiene una velocidad solemne. Es un documental dirigido por un abuelito y contado por abuelitos hablando de lo que pasó en 1915, en Kharpert-Mezreh, un pueblo pequeño en la península de Anatolia y que en ese tiempo hacía parte del imperio otomano, hoy Turquía. Es la primera película de una trilogía llamada Trilogía de los testigos y trata de la limpieza étnica de los armenios entre 1915 y 1923. Fue dirigida por Jakob Michael Hagopian, un descendiente de armenios migrantes que huyeron y se alojaron en Fresno, California. Las otras dos películas se titulan: Alemania y el genocidio secreto y El río se hizo rojo.

'Quince mil cuerpos a la orilla de un lago' suena a una pesadilla, pero si multiplicas esa cifra por diez obtienes el número estimado de armenios que murieron durante los ocho años de infierno que vieron nacer a Turquía. Confieso que a veces es demasiado para la sangre, pero el señor Hagopian trabajó demasiado duro durante años hablando y grabando a todos esos abuelitos, consultando a los historiadores y trabajando en el soporte documental. Vale la pena enterarse de qué fue lo que pasó, en particular ahora que otro imperio hace sus últimas (y más desesperadas) maniobras expansivas.

La anécdota más escandalosa es una del alumno que no sabía que la profesora era armenia, y va y le hace un comentario tipo 'menos mal mataron a esos armenios, ¿no?'. Me acordé de la vez que le dejé de hablar a una pelada porque salió con un comentario así sobre los judíos. Es un poquito deprimente ver cómo triunfan la reacción y la propaganda. También es lindo que para estos abuelos poder decir esto sea una forma de que sus voces sigan vivas.

En Alemania y el genocidio secreto, Hagopian nos cuenta la historia de cómo las primeras sospechas acerca de la logística del exterminio apuntan a la complicidad alemana, luego confirmada por el uso de los ferrocarriles para transportar a los armenios con la excusa inicial de que iban a ser relocalizados para su protección ante los eventos bélicos de la primera guerra mundial. El documental muestra cómo esta conflagración europea sirvió como cortina de humo para el exterminio de los armenios, obligados a dejar sus asentamientos milenarios para unirse a marchas de la muerte a través de la península en la que niños y mujeres fueron vendidos en esclavitud a la población kurda, o forzados a convertirse al islam.

Con la ayuda de documentación recuperada por el profesor Hans Lukas Kiesen, el documental esboza el momento histórico particular en el que se cometió el genocidio. Los intereses expansivos alemanes estaban concentrados en la construcción, ya avanzada, de un ferrocarril que atravesaba la península de anatolia para internarse en Asia con el fin de crear un corredor comercial estratégico. Y también un momento de contracción estratégica otomana, imperio al que las guerras de inicios de siglo habían reducido territorialmente de forma dramática.


El río se hizo rojo es quizá el más personal de los tres filmes. En él aparece Hagopian a la orilla de un río y de un lago en California, que le sirven para evocar aquel cercano a su casa en Kharpert-Mezreh. Enfocado en la busca de la 'viva voz' de los sobrevivientes, el documental muestra los viajes de Hagopian a lo largo de la península en busca de testimonios de la masiva mortandad infligida sobre los armenios. Aunque encuentra pocos, a medida que se adentra en Siria y las naciones aledañas captura con su equipo los testimonios de gente que aún recuerda la llegada de los sobrevivientes de las marchas a las periferias de sus pueblos.

martes, 4 de noviembre de 2025

Es preciso celebrar la muerte de Dick Cheney, quien se lucró directamente de todas las muertes de niños mujeres y hombres generadas por la respuesta norteamericana al nueveonce. Hay que celebrarlo como si de ese gozo dependiera la muerte del siguiente billonario. Celebrar como cuando celebramos la muerte de Kissinger o Donald Rumsfeld. Celebrar con deseo. Como una forma de oración para que el siguiente sea George W. Bush, el sureño tarado al que Cheney sirvió de vicepresidente, tan bien caricaturizado por Sam Rockwell en VICE.


viernes, 31 de octubre de 2025

vengar el tiempo

Oí un podcast de un señor que hablaba de cómo la Ilíada es un pastiche temporal densísimo, sobre el cual cual hemos venido proyectándonos, interpretando e identificando. Es muy probable que esos viejos poemas épicos sean el trabajo de un montón de gente y no de un solo autor, por ser producto de viejísimas tradiciones orales. En algún momento el señor explicó cómo las descripciones de las armas y las carrozas en las conflagraciones no pueden corresponder a un evento bélico real, pues pertenecen a diferentes épocas y culturas.

Oía eso y me atacó un pensamiento intrusivo: acaso la masividad física de basura que produjimos alrededor de los superhéroes sea lo que garantice su inmortalidad. La basura y nuestra mitología más güevona van a terminar siendo objetos arqueológicos de quiénes sobrevivan a esto.

1:05

la verdad es que le doy mucha vueltas a escribir como si eso no fuera todo el tiempo arriesgar fragmentos, hacer el ridículo, fallar mejor

domingo, 17 de agosto de 2025

 "Mire León María, con perdón suyo, yo me cago en su glorioso partido conservador."

 

Delirio, de Laura Restrepo. Sipote culebrón

*** 

Hay un momento altamente telenovelero en Delirio, de Laura Restrepo, en que la madre de los Londoño es confrontada sobre la infidelidad de su marido con pruebas fotográficas esparcidas en el comedor familiar, en su casa en el barrio La Cabrera, en Bogotá. El episodio nos los cuenta la tía Sofi, hermana de Eugenia y amante de Vicente:

Recuperando la calma y ocultando cualquier señal de dolor o sorpresa, Eugenia recogió las fotos una a una, como quien recoge las cartas de una baraja, las guardó entre la bolsa de su tejido, encaró a su hijo Joaco y le dijo, textualmente te voy a repetir lo que le dijo porque es cosa que no puede creerse, parecería invento mío, le dijo Vergüenza debería darte, Joaco, ¿esto es lo que has hecho con la cámara fotográfica que te regalamos de cumpleaños, retratar desnudas a las muchachas del servicio?, y enseguida completó su parlamento dirigiéndose al marido. Quítale la cámara a este muchacho, querido, y no se la devuelvas hasta que no aprenda a hacer buen uso de ella (niideaquépágina).

Esta denegación inmediata de la realidad, o la omisión deliberada de los hechos ante la evidencia del desastre son motivo recurrente. Es divertido cómo la incomodidad y la estupefacción, que resulta de enfrentarse al cauce desorbitado de las voces que contiene la novela, se va disipando a medida que los fragmentos convergen en ese patético drama familiar. Núcleo disperso de una novela cuyo mecanismo favorito es el del aplazamiento. Delirio es una novela sobre un montón de cosas, y una de esas es sobre el matrimonio y la disfuncionalidad del modelo familiar burgués. Una institución que agoniza desde antes de que Freud le tomara el pulso para declarara muerta, y cuyo cadáver aún parasitaremos en una suerte de festín sádico hasta que se agote el ultimo quintal de combustible fósil. Delirio es una comedia porque no deja de ser gracioso cómo estos gomelos de los Londoño se trauman. A lo bien es muy chistoso: 'Mi papá tenía de moza una tía y eso acabó la familia'. Los gomelos de verdad parecen sacados de una telenovela:

Todo se había venido abajo por una mentira, la mía, la de mis amores clandestinos con mi cuñado, y ahora mi hermana intentaba reconstruir nuestro mundo con otra mentira y dejarlo todo tal como estaba antes del remezón, su matrimonio, la buena reputación de su casa, incluso la posibilidad de mi permanencia en ella pese a todo, mentira mata mentira, dime si no es como para volverse loco (niideaquépágina).

Lo 'psicológico' en la novela me pareció convencional, la verdad. Funciona, es chistoso y catchy. También es que la clase social en la que la novela se recrea tampoco requiere mucho análisis [badumtss]. Son más bien basiquitos. Se ajusta. La novela sí toca esa especie de lugar en que la familia se hace y deshace: la aspiración y posibilidad de dominar el deseo del otro. Eso es bien inquietante. También es verdad que la denegación flagrante de la realidad daña, produce idiotas en el peor de los casos y monstruos en el más agudo. Es lo más peligroso que jamás haya hecho la familia burguesa. En la rotundidad de sus negativas vibra siempre otra frecuencia. No atenderla termina por desquiciarlos.

Pienso resto en Miguel Uribe ahora porque en algún momento debieron al menos insinuarle que su abuelo cometió crímenes de lesa humanidad. Lo que es un hecho debidamente documentado y probado. Y aún así, o quizá por eso mismo, pregonaba convencido chimbadas nocivas e irresponsables recicladas de la boca de un hacendado paramilitar. Pienso resto en lo irritante que era no ver en ese señor alguna señal de vergüenza mientras abría la boca llena de mentiras repugnantes y descabelladas. Ahí todo sano mirando a la cámara con el rostro de quien está convencido de los beneficios de la 'limpieza social'. Quizá como a los Londoño de la novela a Miguel le hayan dicho mentiras y se las creyó. Menos mal Agustina, el bichi y la tía Sofi no, pero eso sólo pasa en las novelas.

Los burgueses en la vida real siempre son más bobos.

En fin, como decía Pablo: qué pobres son los ricos de este país, amigo [inserte su nombre aquí], qué pobres son los ricos de este país.

febrero 14

-¿y el tajalápiz de qué día dónd -No lo encuentro, préstame el tuyo y me miran sus ojitos desde los que sonríen una tía, la mamá y una abuel...