viernes, 7 de marzo de 2025

"Camino sobre la sombra de mis muertos como piedras para cruzar el río", Elisa Díaz Castelo en Proyecto Manhattan (2020)

Publicaron recién una reseña que hice junto a Julián Santamaría. Es un trabajo que da vueltas a un libro de Elisa Díaz Castelo, Proyecto Manhattan. Es un libro de poemas que explora las voces de las mujeres involucradas en la construcción de la bomba atómica. Es un libro coral y performativo cuyo soporte es una investigación documental de las vidas de las mujeres cuya voz recrea. Voces que desarreglan la linealidad de los eventos para acercarse al evento histórico en un sentido intempestivo, fragmentario. Es un libro con un ambiente enrarecido en que brillan líneas dispersas en medio de monólogos dolorosos y dinámicos. Estas voces nos vuelven a contar lo que significa la existencia de esta arma, y también nos recuerdan el carácter excepcional del orden que esa arma impuso al mundo en que vivimos.

Ediciones Antilope

El 'lenguaje llano de la bomba' que habla Robert Oppenheimer es desplazado explícitamente por la intensidad suicida, el reclamo vivo y la ternura de las voces de Kitty Oppenheimer, Jean Tatlock o las mujeres de Oak Ridge. La sección del libro que aloja la voz de este colectivo de las mujeres de Oak Ridge es uno de los mejores partes del libro, que está organizado en actos y tiene la estructura de un drama con instrucciones escénicas surrealistas que recuerdan a Lynch y a Leonora Carrington. Una de esas indicaciones, que en realidad se llaman didascalias, consiste en una orden a las mujeres en escena para que compartan un chicle. Otra de las didascalias dicta:

El espacio que esas voces abren para mostrar los pormenores materiales y afectivos de la elaboración de la bomba es muy amplio. Las formas variadas en que esas voces están vinculadas a la bomba hace del libro un ejercicio coral intenso y sugerente. El formato de drama en nueve actos lo pone a uno a pensar si esto no sería mejor verlo declamado en un teatro o leerlo junto a los amigos en voz alta, incluso me animé a hacer una lista de temas para cada acto. Estoy seguro que el monólogo de Leona Woods le caería de perlas ser declamado mientras de fondo suena John Fahey, o algún músico sacado de las grabaciones de los Lomax en el sur. En algún acto debe caber la pieza de Pauline Oliveros que tiene ese título largo y horrible: Para Valerie Solanas  y Marylin Monroe, en reconocimiento a su desesperación. Desesperación, eso es lo que respiran Kitty Oppenheimer y Leona Woods.

El libro es un gesto radical solo posible a través del arte, pero que habla seriamente sobre México ahora mismo lidiando con su vecino hostil. El libro desplaza la voz del hombre blanco al que siempre han creído protagonista y cuestiona su lenguaje llano, su delirio apocalíptico y ese gesto maluco modernista de creerse el último hombre. Ese gesto de quién se cree la última coke del desierto, y que termina en ese espectáculo obsceno de autoinculpación por el que es célebre. La poeta mexicana escribe un libro sobre la bomba atómica que cuestiona la estatura mítica que la propaganda ha dado a Oppenheimer y la rodea de un coro de mujeres explotadas y autoexplotadas.

El libro es en algún sentido un libro de historia también, al menos en el sentido de que moviliza la imaginación histórica para señalar en dirección de la gente trabajadora que hizo la bomba, que incluso la cuidó:


La emergencia de ese artefacto que alteró para siempre el orden del mundo aún dice algo sobre cómo somos y cómo estamos organizados. Es, por decir lo menos, alarmante que los billonarios actuales miren a Oppenheimer como un modelo a seguir y, peor, que la bomba atómica sea el modelo último de su producto. Perdedores patéticos en una crisis de la mediana edad encandilados con los logros del último y más rancio de los Prometeos.

Son tiempos peligrosos. Crece lo que salva.

febrero 14

-¿y el tajalápiz de qué día dónd -No lo encuentro, préstame el tuyo y me miran sus ojitos desde los que sonríen una tía, la mamá y una abuel...